Ayrton Senna, el ‘profeta’ místico de la velocidad

“Nada puede separar mi amor por Dios”. Ese es el epitafio que figura en la tumba de Ayrton Senna en el Cementario de Morumbai (Sao Paulo) como testigo de la intensa fe que profesaba.

Las creencias cristianas constituyeron un factor determinante en la vida del mítico piloto. Le acompañaron en los buenos y también en algunos malos momentos, acercándole más al Creador. Por este motivo, alrededor de su figura se fue desarrollando un personaje enigmático, dotado con un aura especial que cautivó a millones de admiradores en todo el Planeta, especialmente en Brasil.   

Su ‘relación’ fue tan intensa con Jesucristo que llegó a afirmar que podía verlo o comunicarse con Él durante las carreras en las que entraba en una especie de trance místico. Sin embargo estos testimonios no siempre fueron bien interpretados. Un ejemplo fue cuando su enemigo íntimo, Alain Prost, explicó: “(Ayrton Senna) Cree que no se puede matar porque cree en Dios, y eso es un peligro”. El Profesor emitió esas premonitorias declaraciones tras la colisión que sufrieron en el GP de Japón de 1990 y que convirtió al héroe carioca en bicampeón del Mundo. Este le respondió al adversario francés: “El hecho de que crea en Dios no me hace inmortal”.

Dos temporadas antes había experimentado otra de esas particulares vivencias sobrenaturales. Tras conquistar el Mundial de 1988 declaró a un compatriota periodista: ”En Suzuka vi a Dios. Él fue quién me guió. Rezaba agradeciendo a Dios que iba a ser Campeón del Mundo. Vi su imagen, grande, allí suspendida elevándose hacia el cielo. Este contacto con Dios fue una experiencia maravillosa”.

También en algunas derrotas, Ayrton Senna pudo percibir la figura del Todopoderoso, como en el Gran Premio de Mónaco de 1988. Allí sufrió un incomprensible accidente en la zona de Portier que le apartó de un triunfo casi seguro: ”No fue un error de pilotaje. El accidente fue una señal de que Dios estaba allí esperando para darme la mano”.

En ese mismo escenario, pero un par de años más tarde, indicó que había solicitado ayuda Divina para solucionar los problemas de su poco competitivo bólido. “Durante el sábado vi que no tenía ninguna posibilidad real de victoria. Ganar en Montecarlo era muy importante y se lo expliqué a Dios. El domingo en el warm-up tuve una visión. Pude verme fuera del coche. Alrededor de la máquina y de mi cuerpo había una línea blanca, una especie de aureola, que me daba fuerza y protección. Entré en otra dimensión y los problemas del coche no me molestaban”.

 

Durane el GP de Portugal: Ayrton Senna, Alain Prost, Nigel Mansell y Nelson Piquet en 1986.

 

Algo similar detalló tras la épica victoria en el Gran Premio de Brasil de 1991 en Interlagos, la primera ante sus seguidores. “Él (Dios) me iba a dar esa carrera después de todo. Y eso es lo que pasó. Dios me dio la carrera”, aseguró el paulista. También en la mítica curva de Eau Rouge en el Autódromo Belga de Spa decía que platicaba con el Señor.

Católico practicante, solía leer un pasaje de la Biblia en la noche y mañana previas a los Grandes Premios, actividad que complementaba con un rezo en los instantes anteriores a las carreras. Eso fue lo que hizo el 1 de mayo de 1994, la fatídica fecha del Gran Premio de San Marino donde perdió la vida.

“El día anterior (a su muerte) Ayrton abrió la Biblia y leyó un pasaje que decía: Dios te dona el mayor de los regalos, que es el propio Dios”, explicó Vivianne, hermana de Senna.

Los que le conocieron afirman que los domingos que no competía, acudía a la iglesia a escuchar misa. Esta es la parte mística de un héroe que conquistó el corazón de tona una nación y que se acercó al Señor por medio de los bólidos. Por eso, lo hemos llamado con todo el respeto, admiración y cariño, el profeta místico de la velocidad.

 

Una inspiración para las nuevas generaciones de pilotos

Muchos antiguos rivales, compañeros, expertos y aficionados consideran a Ayrton Senna el mejor piloto de la historia en la máxima categoría. Grandes nombres como Michael Schumacher, Lewis Hamilton o Fernando Alonso tienen en el brasileño a su gran maestro e ídolo favorito. Pero, ¿por qué piensan eso? ¿Cuál es el secreto que esconde para que las generaciones de nuevos pilotos le consideren un modelo a seguir? ¿Por qué a 24 años de su muerte, sigue tan vivo su recuerdo en la Fórmula 1 y en todo el Motorsport?

 

Inspiración, trabajo y sed de champán

Evidentemente, Ayrton Senna poseía un talento natural extraordinario que le permitía ir más rápido que los demás. Donde otros pisaban el freno, él seguía acelerando. Desde el punto de vista técnico, encontraba trazadas en el asfalto  -y en su cerebro- imposibles para otros.

Llegó a establecer una conjunción o comunión con su máquina, que hombre y bólido se fusionaban en un todo. Podía domar los monoplazas en las situaciones más delicadas y hacerlos bailar samba en cualquier trazado. Pero por encima de ello, poseía una sed inigualable de victoria y una determinación por el éxito que lo transformaban en un contrincante temible.

El segundo es el primero de los perdedores” o “lo importante es ganar. Esa historia de que lo importante es competir no pasa de ser demagogia”, solía declarar.

 

Senna con Frank Williams durante un test en 1983.

 

Extremadamente autoexigente, poseía una capacidad de sacrificio y trabajo ilimitadas. El entrenamiento riguroso y la planificación resultaban fundamentales para él, algo poco habitual en aquella época. En definitiva dio un salto en la profesionalización y preparación de los pilotos.

La siguiente anécdota revela su disposición para aprender y autoexigirse. Siendo un niño disputó una carrera de karts bajo la lluvia. Decepcionado con la mala actuación que protagonizó se entrenó obsesivamente durante varios días hasta que dominó la conducción en mojado. Después de aquello se convirtió en un genio sobre el agua. No se pierdan sus participaciones en Mónaco 1984 o Donington Park (Inglaterra) 1993 y comprenderán porque se le considera el gran Rainmaster.

Precisamente, esos continuos deseos por mejorar en busca de la perfección, le llevaban a seguir creciendo y a encontrar nuevos límites en los autódromos. Miren las imágenes de la pole que logró en el Gran Premio de Mónaco de 1988, considerada la mejor vuelta de la historia, y comprenderán la dimensión de la figura deportiva de Ayrton Senna. Aquel 14 de mayo detuvo el cronómetro en 1:23.998 , ¡1,427 segundos! más rápido que el segundo clasificado con el mismo coche, Prost, y en el autódromo más corto del Mundial.  

 

Dureza mental, compañerismo y solidaridad

A las virtudes anteriormente mencionadas, Ayrton Senna sumaba una gran fortaleza psicológica que le convertía en un rival temible dentro de la pista. Sin embargo también era un deportista muy solidario. De hecho, si un piloto sufría un accidente, no dudaba en ayudarle. Así lo demostró en el Gran Premio de Bélgica de 1992 cuando, tras presenciar la gravísima colisión de Érik Comas, no dudó en bajarse del McLaren para auxiliarle. Aquel gesto le salvó la vida al piloto francés. Por otra parte, siempre estuvo muy preocupado por mejorar la seguridad en la Fórmula 1, lo que le llevó a exigir mejoras y a enfrentarse a los máximos responsables del Gran Circo, como el antiguo Presidente de la FIA Jean Marie Balestre. En definitiva, dejó una herencia imperecedera que transformó la máxima categoría en un deporte menos arriesgado y más moderno. Y por supuesto, nos legó para siempre una colección de maniobras increíbles en los circuitos que nadie podrá igualar.

Por último, en el aspecto humano y cuando se quitaba el casco, se convertía en una persona sensible al dolor y a los problemas de los demás. Consciente de las dificultades económicas que atravesaban sus paisanos, siempre ayudó a los más desfavorecidos, sobre todo, a los niños de su país. Esa labor filantrópica fue más allá de la donación de grandes sumas de dinero, al crear una fundación para los más pequeños.No puedo vivir en una isla de prosperidad, rodeado de un mar de miseria”. Por eso era adorado por sus paisanos que encontraron en él un ídolo con el que paliar las penurias que padecían. Se transformó en el icono de todo un país, puesto que mientras otros compatriotas ocultaban su nacionalidad, él paseó orgulloso el nombre de Brasil por todos los rincones de la Tierra.

Victoria de Senna en Mónaco en 1991.

Senna y México

No podemos olvidarnos de la devoción que el público mexicano sintió por Ayrton Senna y que éste siempre le devolvió cariñosamente. A pesar de que sufrió dos accidentes graves en el Autódromo Hermanos Rodríguez en 1991 y 1992,  él no varió jamás su admiración por los fanáticos del país.

 

Palmarés

Durante 11 temporadas en la Fórmula 1, Ayrton Senna participó en un total de 161 Grandes Premios, conquistando 41 triunfos (25,47%), 80 podios (49,69%), 65 pole positions (40,37%) y 19 vueltas rápidas, así como las coronas de 1988, 1990 y 1991.

Sumó un total de 641 puntos con Toleman, Lotus, McLaren y Williams, escuderías que le permitieron completar 8.219 vueltas y 37.937 km en la máxima categoría y fue líder durante en 2.931 de ellas a lo largo de 13.430 km.

Muchos se preguntan si esas estadísticas habrían sido aún más exitosas si no hubiera fallecido prematuramente. Es posible, aunque su mayor éxito consiste en haberse convertido en una leyenda inmortal, héroe para los profesionales y seguidores del pasado siglo y del actual.

Accidente de Senna con Nicola Larini en el Pacific GP de 1994.

 

Fotos cortesía Williams.

 

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MotorSports360

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